Aprende a manejar las dificultades sexuales

Por Lic. Ruben Campero*

Ver más: Cuerpos que "no" rinden en el sexo

Cuando sentimos que estamos experimentando alguna dificultad sexual, es muy probable que asociemos la palabra “problema” al asunto. A su vez, puede que nos alarmemos creyendo que tenemos algún tipo de “patología”, y que por tanto deberíamos acudir a algún profesional de la medicina y/o psicología, por más que le demos vuelta y muchas veces no lo hagamos, salvo que finalmente se nos haya “instalado” una disfunción sexual y ya no tengamos “más remedio”.

De acuerdo a las formas en que nos educamos, aprendemos a tratar la sexualidad como si fuera un tema “aparte” o “extraordinario” de nuestra vida. Por eso las más de las veces sólo hablamos de ella únicamente a través del humor, la vergüenza o la solemnidad intelectual, revelando dificultades para verla como un tema más, que si bien forma parte de la intimidad, eso no quiere decir que deba tratarse como un secreto, algo invisible o un aspectos “escabroso” de transmitir.

Todo esto genera que cuando transitamos por una dificultad sexual, nos sintamos con cierto grado de desconcierto y angustia, en parte también porque no contamos con la misma red social de soporte de la cual fácilmente poder obtener consejos o compartir experiencias, como si ocurre con otros temas aparentemente más “cotidianos”.

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Con asuntos sexuales puede incluso que sólo contemos con un folklore cargado de prejuicios, o en todo caso con discursos acartonados, medicalizada o psicologizadamente, que no siempre logran la cercanía empática necesaria para evitar que dramaticemos y que podamos relajarnos. Logrando finalmente que olvidemos que funcionar “bien” en el sexo tiene más que con placer y diversión que con pruebas de rendimiento genital.

Si bien la palabra “problema” referiría más bien es una cuestión a explicar y resolver a través de un método, socialmente posee una connotación alarmante que aplicada a lo sexual muchas veces complica la cuestión más de lo que la facilita para la persona o sistema que la está viviendo. Por eso las maneras en que nos formulamos las cuestiones de la vida, también influyen en el hecho de que se nos haga más fluido o más complicado su encare.

Porque una cosa es decir que alguien tiene una dificultad para mantener la rigidez del pene durante un coito vaginal o anal (lo cual a su vez cambia de sentido si agregamos que es de toda la vida, de reciente aparición, si se da en cada intento o a veces, o si varía según la persona con la que se está) y otra cosa muy distinta es decir que alguien “tiene” una disfunción eréctil, o más aún, que tiene “impotencia”, o pero aún, que “es” impotente. O llegar al extremo de formularnos el “problema” diciendo que la persona en cuestión “no rinde como hombre en la cama”. Cada una de estas maneras de formular la dificultad, estarían condicionando la manera de percibirla y por tanto de concebirla, afectando la predisposición de la persona para con lo que le pasa, y determinando el pronóstico de la evolución de dicha dificultad.

A raíz de este “no hablar” sobre la sexualidad como un aspecto más de la vida, muchas veces quedamos rehenes de nuestras fantasías prejuiciosas, y terminamos sintiendo que una dificultad sexual constituyen en sí misma un “problema”. Un problema, además, difícil de manejar, ya que habrían pocas personas con las cuales compartirlo, en tanto pesarían sobre él una serie de mitos que decretan que es vergonzoso no funcionar como dice “todo el mundo” que se debería hacerlo, de acuerdo a criterios de normalidad sexual que no se sabe quien invento ni porqué se acatan, y que digitan al detalle la performance que se debe desplegar para tener una “buena” relación sexual.

Muchas veces también decimos que cuando atravesamos una dificultad sexual nos está “pasando” algo. Si bien es verdad que con cada situación que vivimos estamos “pasando” o “transitando” por un proceso, lo cual nos está queriendo decir algo sobre nuestro sistema bio-psico-social, también es cierto que decir que algo “nos pasa” nos colocaría en una posición pasiva ante la dificultad, des-responsabilizándonos de ella. Casi como que si lo que nos está ocurriendo “cayó del cielo” sin que nada tengamos que ver con ello.

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Por esta misma dificultad para ver la sexualidad como un tema más de la vida, suele costarnos captar que nuestro funcionamiento sexual también vibra en sintonía con la modalidad en que lo hace el resto de nuestra existencia, así como de la forma en que nos tratamos y tratamos a los demás.

Hay gente que vive una vida hiper estresada a nivel laboral sin el más mínimo placer cotidiano, y sin embargo pretende llegar a la casa a la noche y con cansancio, y “rendir “sexualmente al ir a la cama luego de haber cenado copiosamente. Obviamente que dicha gente tampoco estaría tomando en cuenta como influye el hecho de fumar, de hacer una vida sedentaria, de comer de forma no balanceada, de tener una vida social y de pareja deficitaria a nivel vincular y emocional, así como del hecho de creer que todos los problemas se solucionan negándolos o tapándolos con fármacos.

Debemos recordar que todo eso también es funcional (y a su vez lo estimula) a la búsqueda de placeres primarios y “express” (comida chatarra, consumo automatizado de pornografía, video juegos, uso compulsivo de celulares, sexo casual sin deseo, etc.), los cuales cierran el círculo vicioso en el cual nos mantiene la vida actual, caracterizada por un afán productivo para consumir cosas que no necesitamos, y que no puede tener otro nombre que alienación.

Una alienación que obviamente es incompatible con una disfrute relajado del erotismo y las relaciones sexuales, y que por lo mismo sólo nos podrá conducir a vincularnos con el sexo en términos de “rendimiento”, haciendo que ante cualquier “desperfecto” de la máquina, corramos presurosos para anestesiarnos y “emparchar” el “problema”, simplemente con el objetivo de seguir caminando con ese rumbo que aprendimos a creer propio.

Tener una dificultad sexual (no importa si de larga data o de reciente manifestación), no debería llevarnos a la alarma que nos construye la dramática idea de un “problema”, empujándonos a buscar una “cura” en las recetas mágicas de cualquier/a “gurú” (bio o psico) sexual de turno, no importando como ni en qué condiciones.

Tal vez lo mejor ante una dificultad sexual, sería intentar hacer silencio para poder escuchar que nos estamos queriendo decir. Y ver por tanto cuáles son esas “disfunciones” de placer y de vida conectada que en realidad estamos viviendo. Tratando de interpretar los síntomas ya no como meros “padecimientos”, sino como “protestas” que sabiamente estaría haciendo nuestro cuerpo a raíz del maltrato que recibe a nivel biológico y emocional en términos generales y sexuales en particular.

De esa forma puede que podamos comenzar a “manejar” antes que a “sufrir” y por tanto a intentar “erradicar” (como si fuera algo extraño, exterior y malo) lo que pensamos, sentimos, hacemos y experimentamos cuando enfrentamos dificultades sexuales, encontrando de esa forma las vías adecuadas para iniciar procesos de pedido de ayuda y acompañamiento si llegara a ser necesario.

 

Ruben Campero es Psicólogo y Sexólogo. Conduce Historias de Piel, programa que va todos los domingos a la hora 21.30 en Metrópolis FM, 104.9. Podés escucharlo y además enviar tus opiniones, testimonios y consultas vía twiter, mensaje de texto (SMS al 1049, con la palabra piel, espacio y luego se escribe), de facebook, o correo electrónico (historias@metropolisfm.com).

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