Llegó la Navidad, date tiempo para sentir y recordar a las personas que ya no están

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Muchas de las personas esperan con ansias la llegada de la Navidad, esa fecha donde el amor, las fiestas, el regocijo, la unión familiar, los regalos, los festejos llegan al por mayor. Pero, ¿qué pasa con quienes estas fechas no son mas que para recordar a los que ya no están?, a los que eligieron irse, a los que la muerte les ha llegado. Sin lugar a duda, casos totalmente opuestos.

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Mientras unos se reúnen, otros se apartan.
Mientras unos festejan, otros lloran.
Mientras unos se buscan, otros se esconden.
Mientras unos sienten la esperanza, otros ya no encuentran la salida.
Mientras unos se sienten amados, otros sienten que no importan.
Mientras unos comparten, otros sienten que no merecen nada.

Mientras unos segregan una cantidad impresionante de dopamina (la hormona de la felicidad), a muchos otros la serotonina (hormona que interviene en la depresión), les hace sentir que lo mejor es dormir tanto, hasta que pase el dolor o estas fechas que les recuerdan a ellos, los que ya no están.

Ya sea porque se pelearon durante el año, se divorciaron, se enemistaron o porque Dios, la vida, las circunstancias, las enfermedades o la muerte, han cambiado radicalmente la forma de vivir estas épocas. Muchas personas sufren, lloran, sienten impotencia, coraje y no le encuentran sentido a la Navidad o peor aún, que no le ven sentido ya a la vida.

Lo más alarmante es que muchos de ellos, en un principio intentaron hacerse los fuertes, los que decían: “no pasa nada”, “es la ley de la vida”, los que le hicieron más caso a su “deber ser”, a su raciocinio o a su “gran capacidad cognitiva”.

Ellos son los que mas sufren, porque cuesta trabajo entender que un tema tan delicado como las pérdidas o el dolor del duelo, se supera evitando, negando o leyendo frases motivacionales.

La comprensión del dolor es lo primero que necesitamos ante las pérdidas. Es decir, saber qué me duele y por qué en un acto de compasión por uno mismo; comprender que si existen esos malestares emocionales es por algo, porque la pérdida no solo implica que la persona físicamente ya no está, implica que los sueños, metas, convivencias, planes, actividades, ya no serán más con esa persona, que eso se fue, que ya no está, que jamás se podrá continuar con el plan que tenían a lado de esa persona. Entonces, ¿Por qué no llorar? ¿Por qué evitar? ¿Por qué negar que esos sentimientos fluyan como tienen que fluir?

El segundo paso es, en definitiva, demostrar sin juzgar lo que ya he comprendido: llorar, gritar, enojarse, hacer rabietas, estar inconforme, frustrado, desanimado… No está mal, y aunque suene paradójico, entre yo más me dé el permiso de vivir el dolor, mas pronto sanará.

Una vez que se comprende y atiende el dolor, se tiene una mayor objetividad, fortaleza y seguridad, para decidir que sí y que no hacer en éstas fechas, no es un trabajo de la noche a la mañana, pero estoy convencido que en la medida que éstas dos claves sean aplicadas, el dolor que genera la ausencia de los que ya no están, será más llevadero, consiguiendo así, una mayor tranquilidad y armonía en su vida.

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